No era un antro nuevo en la ciudad, simplemente era la primera vez que entraba a el. Se sintió extraño entre extraños, se sintió solo entre tanta gente, hombres, mujeres de todo había a su alrededor. Alcanzó a ver en la entrada los cartelones de la variedad de la noche, unas cuantas bailarinas de poca monta iniciarían el show, y lo mejor del lugar vendría después de la media noche. No se alcanzaba a ver muy bien en la fotografía del cartel, solo podía apreciarse un hermoso y larguísimo cuello, un mentón delicado y un labio inferior sonriente, lleno y perfectamente delineado. Eso le gusto, le gusto mucho –será una chica bellísima- pensó y se acomodo en la primera mesa, pidió una botella del mejor whiskey que tenia ese tugurio y se relajo al tercer trago.
Las primeras bailarinas eran principiantes, sus movimientos delataban nerviosismo, y este aumentaba al sentirse bajo el yugo de aquella mirada que quemaba como fuego sobre su piel, él se divertía mucho haciendo eso, le gustaba subyugar a la gente de esa manera, le gustaba humillar de esa manera a los demás.
Invito a la más hermosa de las bailarinas a sentarse en sus piernas, le robaba besos de manera violenta y la pobre muchacha no hacia más que tratar de seguir el ritmo demandante de aquellos labios expertos. De pronto después de la media noche las luces se apagaron y comenzaron a escucharse coros celestiales, seguidos por el ritmo embriagante de un cover de su canción favorita, esto lo emociono y pero su emoción paso a ser sorpresa cuando de las cortinas plateadas que estaban en la parte de atrás del escenario encerado y luminoso salió la visión mas sexual que hubiese visto, el manjar predilecto de aquel lugar no era una chica, no era una bailarina torpe o consumada, era un chico exquisitamente formado, hermoso hasta el hartazgo, perfectamente moldeado del cuerpo y del alma.
Comenzó a moverse de manera lenta y erótica, la música le hacia segundas, camino con paso firme hasta la orilla del escenario y miro a todos de manera que les dejo sin aliento.
Cara a cara en mi lugar favorito….
Cada movimiento ejecutado por el joven encendía de manera increíble a todos los presentes. El joven de la mesa dejo los labios de la bailarina para situar la mirada en cada curva de aquel dios que bailaba de manera tan irreal.
Cada paso perfectamente coordinado, cada movimiento de caderas aderezando con una fuerza enorme en las piernas, esa piernas largas y torneadas que se enredaban con ese tubo metálico que hacia juego con los miles de papelitos que caían del techo haciendo que aquella figura grácil se situara como dueña y señora de los pensamientos y los cuerpos de cada asistente.
El joven pelirrojo estaba ausente de todo eso. Mecía su cuerpo llevado por la inercia, todas las noches era lo mismo, siempre tantas miradas pegadas a su cuerpo y no a él, jamás a él por el simple hecho de estar… sacudió la cabeza en un gesto sensual para deshacerse de esos pensamientos que lo torturaban y siguió bailando como si nada, sin prestar atención jamás a la primera mesa en donde un joven que solo ardia para sus venganzas ahora comenzaba a arder de deseo…
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